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jueves, 13 de febrero de 2020
domingo, 27 de enero de 2019
CADA UNO ES FELIZ CON LA MENTIRA QUE ELIGE
TRANSCRIPCIÓN DEL TESTIMONIO
PARA CALLEJEROS DE ANTONIO, VECINO Y AMIGO DE TODA LA VIDA DEL DOCTOR. LA
PERIODISTA CREE QUE ANTONIO ESTÁ ENAMORADO DE ÉL
-Pue... a ver...
que quién sabe, ¿no? igual el hombre tenía razón con sus cosas y sus idas de
olla, que nos hemos autodestruido, que todo está mal, pero chico no... así no
shacen las cosas, cenutrio. Si el hombre era un bendito, ¡si lo conoceré años!
pero... tú sabes... que es que no...[Antonio
no sabe cómo expresarse. Tampoco su cuerpo]. que se volvió un poco... [ Antonio ha encontrado el gesto. Gesto
con el dedo en movimiento circular en una sien].
-No estaba
bien de la cabeza.
- Sí, eso, bueno,
a ver, que no estaba bien el hombre, pobre, pero era buena persona. Y.. eso. De
repente po... estaba más... diferente y ya.. volvía a no parar por casa, estaba
tol día de follón en juerga y... empezó a decir unas cosas que... no sé cómo
explicarte [Mira al techo. No encuentra
el gesto. Se aprieta de la papada a los labios].
-¿De puto
colgado?
- ¡Halaaa,
animal! Aunque sí, bueno... pero tampoco eso mujer, a ver, que sí que es verdad
que se ponía fino como pa... como pa drogar a toda Santa Pola, pero...
-Que era un
yonki.
- A ver, pues
sí, pero es que lo estás sacando de contexto. Yonki, yonki... drogadito si
acaso.
-Drogadicto.
-Pero eso
tampoco porque al final... él era médico y droga, droga no se estaba metiendo,
eran pues... medicamentos. Él controlaba. Siempre lo había hecho, desde que
éramos unos críos.
-Pero, el
señor Masón infectó a 247 personas de hepatitis C por compartir instrumental
que utilizaba para consumir los... medicamenteos.
- Pero mujer,
de eso yhace mucho tiempo y tampoco fueron tantas ni murió nadie ni nada. Eso
se infló y claro, unos que le tenían un poco de...[apoyo gestual] saña pues... lo engordaron todo y... míralo, más de
mil años de cárcel. Es que a quien le cuentes esto...
-Hay un
estudio exhaustivo que lo confirma todo.
-Sí bueno,
pero tampoco es eso ¿dónde está eso a ver? Si
él luego sarrepentía y me llamaba: [Voz
de falsete. Gesto de teléfono] ¡Antonio! ¡Antonio! que la he liao otra vez
tal y cual y... pero claro es que...
-Se le fue de
las manos.
-Pues eso,
pero no fueron tantos tampoco...
-¿Sabía usted
que los infectaba con un próposito?
-Pueeees a
ver, ¿eso? eso eran pues eso, las locuras raras que decía queee, queee si es
que hay que infectarlos a todos, que si la hemos cagado, pero nada, que luego
no hacía na, pues perro ladrador... ya sabes tú que... ¡Si era médico! ¡Por
Dios! ¿Cómo va un médico a... a hacerlo a propósito? Que vino de la calle y ¡llegó
a ser doctor! ese ya había absuelto tos sus pecados ¿cómo va a hacer algo así?
-Pero ha dicho
que le llamaba y se arrepentía, ¿no?
- Síii, bueno,
señorita, me está usté... y disculpe lo feo, pero me está usté achuchando los
huevos ya. Yo he dicho que me llamaba, pero... que eso lo decía, en realidad se
equivocó un par de veces, pero luego ya paró y yo le decía, pero Francisco, por
favor , que eso que oyes no es verdad, pero él... dale que te pego, coño, pero
al principio ¿eh? que luego paró, lo que te decía, no vaya a ser que me saques
otra vez la libretita de los cojo***.
-Pero...
-¡Qué yaa ni peros
ni hostias! qué... qué qué ¿eh?
-Que hay
pruebas de todo lo que hizo y de todas las personas a las que infectó, pero ha
habido una nueva filtración de un expresidiario que afirma que en prisión, el
propio Doctor seguía hablando de su visión de la vida. Que el ser humano
debíamos pagar por lo que habíamos hecho. Comprenda usted que ahora, como puede
salir de vez en cuando y eso.. queríamos entrevistar a los que más le conocían
para asegurar a España que no volverá a atentar contra la seguridad de los españoles.
- [Antonio se altera] ¡Afirma su visión!
pero nada de matar o infectar, y a los españoles... ¿pero tú te estás
escuchando? ¡pero qué sandeces son esas! si es que qué va a hacer ahora el
hombre ¡con la edad que tiene! Es que de verdad, cómo... cómo os gusta ¿eh? a
los periodistas cubrir este tipo de miserias morbosas. Con la de millones que
nos han robao en la puta cara durante años y la gente que muere asesinada al
día, los niños que desaparecen y cosas que de verdad importan y vosotros aquí,
a hacer sangre. ¡Mi Francisco no hizo nada con ningún propósito, ni a propósito
ni Cristo que lo fundó! Así que fuera ya de mi puta casa, que me estáis
reventando ya los cojones.
-Pero Don Antonio.
-Y Doña Antonia la palma mi mano
so im*****, sub****** que fuisteis el penalti que arruinó la vida a vuestro
padres y pa qué, pa periodistas de mierda milenialos desos de los cojones con
vuestro aifón y que si fotito de desayuno, que si filtro de bellesa, que si yo
en el parque, ¡que si mis cojones bailando un bolero! ¡Fuera de aquí, hostia
ya!
[Antonio cierra la puerta molesto]
SMS DE LA AMANTE DEL
DOCTOR MESÓN
S q no as sid tú. tkm.
qdamos sta noxe? pikrdias nuevo.
COMUNICADO DE SU
ABOGADO.
Comunico a España, en
representación del doctor don Francisco Mesón, que lo que hubiera podido hacer
no habría sido más que porque estuviera o estuviese bajo los efectos de
fármacos en mal estado que, de ser así, serían hayados en el propio hospital a
disposición de todos los pacientes. El doctor Mesón quiere expresar que si a
España todavía le quedara un poco de humanidad, que lo entendiésen, que no lo
juzguen por algo que no ha hecho y que no se dejen llevar por las pruebas y los
programas de televisión. Es todo mentira, fue una trampa. Que si lo hubiera hecho,
estaría arrepentido de todo. Repite que no hubiera hecho daño a próposito a
otros seres humanos porque él; lo único que él desea es liberarnos de la
opresión, pero que jamás hubiera utilizado la hepatitis para herir a nadie.
SMS DE LA EXPAREJA
DEL DOCTOR
Sé que has sido tú. Se te iba a
ir de las manos y todos lo habíamos visto, pero por no joderte, por no
joderte... has infectado a todas esas personas por irresponsable y yonki. No
tienes moral. Podrías haber robado, pero no... Podrías haber dicho la verdad, pero
no... enajenación mental. Cobarde
CAPÍTULO
UNO DE LA NOVELA DEL DOCTOR MESÓN
Os voy a
contar la historia de cómo mandar a la mierda tu vida y la de los demás por una
idea tonta... que se te mete en la cabeza como cristal.
Os voy contar
cómo descubrí lo que era ir tres metros sobre el suelo y verlo todo tremendamente
BELLO, atar cabos y encontrar la lógica aplastante; de que tenía que arreglarlo
todo yo solo.
Os voy a
contar cómo contaminé a 275 inocentes,
de hepatitis C, porque enloquecí de verdades absoltas que sólo yo podía ver.
Dios estaba
casi muerto por aquel entonces. Las iglesias estaban llenas, pero la Nueva
Palabra del nuevo Dios Gramo llevaba expandiéndose unas décadas por cerebros
cansados de este mundo. Cada vez éramos más los que podíamos ver el engaño.
Dios ya no podía existir.Todo había sido mentira. Todo había sido una gran
multinacional de gafas opacas para todos los públicos abierta 24 horas por si
te querías desahogar. Todo lo que se debía, lo que se suponía, lo que Dios
mandaba y escribía y todo lo que tenía que ser; se estaba yendo por el retrete.
Yo estaba recién vencido por cosas que ahora no importan, esas cosas que
maceran años en la alacena y ahora es como si hiciera tres vidas, y que nada
tiene sentido ni se tenía que arreglar; pero que ¿en el momento? en el momento
vives como clavos ardiendo atravesándote la yugular.
Pero hasta que
no aprendes esa acción corrosiva del tiempo, que todo lo pasa y lo come; hasta
que no sabes a ciencia cierta, que el tiempo vendrá sobre un corcel blanco
formando una cortina de humo grisáceo, que ya no te dejará volver atrás. Hasta
entonces, el primer pinchazo es como repelerse magnéticamente con otro dedo
índice estirado y caer, a ritmo lento, al precipicio más profundo repleto de
parches de quepensares y quehaceres olvidándose juntos y con una única verdad.
Y en ese
camino, con un hilo atado a un dedo, que se fue deshaciendo cada vez, llegué al
fondo del pozo de la flotabilidad total y la verdad voraz. Y vino todo el
turbio, y vino esa voz feroz que te habla. Esa que te hace entender que entre
todos nos hemos hecho caer, que nada tiene sentido y que somos causalidad del
mal; que hay una atmósfera viscosa y programada que olvida al completo humano,
en pro de la moralidad aunque lo condene eternamente por su naturaleza vital.
Que todo está mal, y es nuestra calaña la que lo arrastra hasta que no quede
nadie más en quien confiar. Que debíamos pagar por infectar nuestra casualidad
del espacio sideral.
Y fue entonces
cuando mi locura fuera de moral se puso a compartir mis virus, en mis instrumentos
de curar. Porque yo. ¡YO! iba a curar el mundo de su enfermedad.
Y... bueno;
nada que ver, ¿no? al final la jodí de verdad...
miércoles, 1 de marzo de 2017
LADY PATRICE Y EL PRÍNCIPE MORADO
Érase una vez una reina en lo más alto de su más alta torre sentada en el tejado, observando
y acariciando a su preciado gato.
Su nombre era Lady Patrice, pero a ella le gustaba que le llamaran Pato. Lady Patrice era la mejor reina de su reino, pero últimamente, estuvo más distante con todo ello.
Un día pensaba en lo alto de la torre, mientras ondeaba su larga melena, << ¿Pero quién es toda esa gente que hay ahí abajo?>> Por no volver a pensar en su príncipe morado.
Aquella tarde concretamente, la reina del reino más amplio tenía un banquete de etiqueta. Se vistió con sus mejores galas y recibió a Lady Eva.
Tuvieron una larga charla de reina a princesa y de princesa a reina y subieron al tejado de la torre a mirar las estrellas. Les entró mucha hambre y bajaron a cenar. Se pusieron hasta arriba de ricos manjares. Sus barrigas iban a reventar, pero les encantaba demasiado la comida. Lo triste era que sabían que muchas veces, sólo podían confiar en ella. El placer más inmediato y seguro en sus impacientes vidas.
Se dieron un gran abrazo efusivo y Lady Eva se fue en su carroza hacia su castillo en Arizona.
Volvió la reina a su torre y como cada noche cerró las puertas y despidió con cariño a sus criados para estar sola. Se subió al tejado y encendió su tocadiscos con las canciones adecuadas para admirar y descomponer su reino más amplio. La noche estaba nublada y se empezaron a oír los relámpagos. <<Esta es otra noche, para pensar en mi príncipe morado>> se dijo. Releyó sus cartas de amor y secó sus lágrimas con las puñetas de su vestido largo. Cogió una pluma y un papel y le escribió que todavía estaban enamorados.
Mandó a su paloma blanca a entregar su recado, pero pasaron los meses y jamás volvió el cuervo mensajero de su príncipe con una respuesta a su tejado.
Alguna de esas noches lloró tanto, que los de bajo creyeron que llovía y se quedaron en casa resguardados. ¿Qué iba a pasar con su reino si su rey no aceptaba su reinado? ¿Qué iba a gobernar ella sin su rey a su lado?
Un día, cuando menos se lo esperaba, apareció un hombre con sombrero gris y sin rostro portando dos cubos de agua con hielo en las manos. Amenazó a la reina con echárselos si no dejaba de amar a aquél ermitaño, que su reino la necesitaba, que debía dejarlo.
Ella, que ya estaba curada de espanto le dijo <<Échame esos cubos por encima hasta que quede empapada y tiritando, porque aunque lo disimule o muera de una neumonía por intentarlo, yo le seguiré amando >>
Desde la otra maldita punta del reino de los reinos, se encontraba el príncipe morado estrujando con sus manos a su cuervo con una contestación en su pico.
<<Amo con locura y alevosía a Lady Patrice y por todos los dioses del Olimpo, necesito estar a su lado, pero no puedo dejarte volar hasta su torre con mi amor declarado, cuervo mensajero mío, porque es que todo esto, me parece demasiado complicado>>
Y volvió así el príncipe morado a entrar en su oscura habitación llena de lagartos y a dejar lo obvio a un lado.
Lady Patrice lloró y lloró hasta que se ahogaron su corazón, su razón y sus ojos destrozados. Después de permanecer mucho tiempo cogida a sus rodillas en lo alto de la torre mirando la luna, Lady Patrice bajó, se puso unas gafas de sol y se puso a buscar esposo por el bien de su pueblo. Todos los mozuelos del reino hicieron cola como locos hasta su trono para presentar sus buenos modos. Lady Patrice apoyaba su barbilla en los nudillos y dejaba caer su cuerpo en su trono de oro. A muchos ni les miraba, le parecían todos sosos. Sólo hay un príncipe que tiene que ser rey, y ese, tenía que ser el príncipe morado. Los pretendientes le recitaban poemas, le ofrecían sus tierras, hacían bailes sensuales, creaban misterios y discursos sobre el amor espantosos. Se cansó, cerró las puertas y retiró las hojas de solicitud de mozos.
El pueblo empezó a darse cuenta de que su reina poco a poco se iba desmoronando. No comía, no bebía, no atendía a nadie para ayudarlo ni bajaba de su torre ni cuando venían los tornados.
Una de las noches, la puerta de la torre se abrió. Era su querida institutriz que tanto le daba y le había dado. Le tocó el hombro por detrás y le dijo —Pero ¿Qué te pasa, Pato?— Lady Patrice se abalanzó en sus brazos. — Yo le amo tía, yo le amo por encima de todos— — Pero Pato… con lo buena que eres con tu reino y con los reinos de todos los otros ¿Por qué no buscas un amor tierno y candoroso, y no éste tormento eterno y vicioso. No le necesitas para reinar todo esto. — —Porque no creo en este mundo a nadie más que a su nariz y a sus ojos. —
Lady Patrice salió al bosque un día muy lluvioso. Las gotas de lluvia caían aglomeradas al unísono con toda la ira del Todo Poderoso, estaba empapada, pero no le importaba en absoluto, le recordaba a tiempos mejores, a tiempos con su buen esposo. Patrice bajó por el camino que llevaba al río para encontrarse con la bruja del reino en su choza hecha de piedra y escombros. La bruja la esperaba con la puerta abierta mirándola llegar desde el porche. — ¿Que me querías, preciosa niña?— —Necesito que me digas la verdad, porque este silencio a miles de distancias me va a descomponer la cabeza y hacer que me rinda ante todo. — En la mesa había un tapete, y sobre él, agitó unas piedras preciosas en sus manos y los dejó caer en la mesa. A la bruja le desaparecieron los ojos. Volvió en sí y le dijo con voz de caramelo —Niña mía… Tú y él ya estáis y estaréis juntos por siempre, pero no sabría decirte quién de los dos es más tonto. Pero esta vez es él, el que tendría que reaccionar pronto. Te perderá como ha perdido a su reino por negarse a atenderlo. Las piedras de Yah me dicen que viene un caballero con un caballo blanco por el camino que lleva a tu castillo. No para de galopar muy decidido. Te dará lo justo de cada parte, para amarte desorbitadamente y hacerte enloquecer hacia lo brillante. Te esperan grandes planes. Volverás de nuevo a cuidar y querer a tu pueblo y recuperarás como se merece tu trono hasta lo más alto. Mientras, niña mía, quítate todas esas culpas, flagelaciones y destrozos de encima y mírate en este espejo mágico para poder verte como realmente eres, la mejor reina que tiene y tendrá, todo tu reino preciado. —
Pasado un tiempo apareció un caballero subido a un caballo blanco declamando su amor a Lady Patrice en la puerta de su casa. Escuchó hablar a una paisana en una taberna con tanto fulgor y pasión sobre ella que rápido el caballero se enamoró y fue a tomarla en sagrado matrimonio. Al principio quedó bloqueada por semejante aparición del apuesto Don, pero a los minutos se acercó a él y le dedicó una mirada. Lo cogió de la mano sonriendo y se fueron a su castillo a ser felices y a comer higaditos y berberechitos ricos.
Cuenta la leyenda que el reino de Lady Patrice creció y creció hasta conquistar el resto de reinos. Mientras, el príncipe morado siguió escondido en la alcoba de su castillo en lo alto de la más alta montaña fría alejada de su reino pensando en Lady Patrice en silencio.
sábado, 15 de octubre de 2016
50 SOMBRAS DE "EL GUEY"
Le ató hasta los dientes de la boca al cabezal de su piel para hacerle subir al Norte de su sinrazón y provocarle una petit mort y ya de paso, apretar el cinturón a su cuello y sin querer queriendo, ahogarle en su salón. -Ya está.- Desfalleció sobre su espalda inmóvil para desrespirar su corrida en el interior de aquella chica. Se separó de su cuerpo muerto, se enchufó un pitillo y se tumbó a su lado a expirar el humo del cigarrillo.
Sombra Antuán se sentó rígido a los pies de la cama y le dijo, -Muy bien, apunta a esta en la lista de menores de 25.- Rigoberto calló de callar, claro está, durante varios minutos mirando el cuerpo desnudo de aquella muchacha. Pasados unos cuantos minutos más, llamó a las sombras para que le ayudaran a esconder el vigesimotercer cuerpo.
La noche siguiente, estaba Rigoberto sentado en medio de su salón con las 50 sombras a su alrededor calladas como si fuera a empezar una reunión. Sombra Cristina fue a envolverle con su brazo derecho los hombros y le dijo –Esta noche… esta noche ¿Te gustaría ser yo? Soy una pobre chica del sur de España que no pudo estudiar por cuidar de sus hermanos y después de sus hijos. He llegado a la capital y estoy sola y sin amigos.- Rigoberto cogió una peluca de pelo negro como el petróleo, se afeitó la barba de Antuán y se pintó de modo humilde de acuerdo con su nuevo perfil marginal. Llegó al “Green Queen House” y escogió a su objetivo, Manuel, de piel oscura y ojos caídos a tierra con desdén.
Desnúdame en tu boca que cada vez que esta noche me toca rezo 3 Padres Nuestros para no explotar del placer que me envía mi entrepierna prieta caliente y poco experta. Desliza tu lengua honrada por mi cuello inocente que solo con verte se eriza exaltado por comerte. No pares no pares ni un minuto de besarme y morderme. Baja tus labios por mi pecho y mordisquea mis bragas que ya me queman el cuerpo por tenerte dentro. ¡Ups! Ahí no, la sorpresa no te va a gustar. Te doy la vuelta lasciva y te enrollo el cuello con mi cinturón quitavidas. Ya está.
Vino Sombra Cristina y le dijo, - Muy bien, a este lo apuntaremos en la sección Benetton.- Y tras varios minutos, Rigoberto pidió ayuda a las sombras para deshacerse del vigesimocuarto cuerpo.
Esta precisa noche las sombras me acompañan en el comedor. Están alborotadas, algo no les acaba de gustar. Puede que fuera el pintalabios que anteanoche le robé a la joven de ojos pardos. Al final me volví un poco loco y pinté en todas las paredes los 50 nombres de las sombras con su carmín rojo. Sombra Kelli se sentó a mi lado en el sofá, callada, y con las manos entrelazadas haciéndose la modosita, como si no quisiera nada.
La noche siguiente, estaba Rigoberto sentado en medio de su salón con las 50 sombras a su alrededor calladas como si fuera a empezar una reunión. Sombra Cristina fue a envolverle con su brazo derecho los hombros y le dijo –Esta noche… esta noche ¿Te gustaría ser yo? Soy una pobre chica del sur de España que no pudo estudiar por cuidar de sus hermanos y después de sus hijos. He llegado a la capital y estoy sola y sin amigos.- Rigoberto cogió una peluca de pelo negro como el petróleo, se afeitó la barba de Antuán y se pintó de modo humilde de acuerdo con su nuevo perfil marginal. Llegó al “Green Queen House” y escogió a su objetivo, Manuel, de piel oscura y ojos caídos a tierra con desdén.
Desnúdame en tu boca que cada vez que esta noche me toca rezo 3 Padres Nuestros para no explotar del placer que me envía mi entrepierna prieta caliente y poco experta. Desliza tu lengua honrada por mi cuello inocente que solo con verte se eriza exaltado por comerte. No pares no pares ni un minuto de besarme y morderme. Baja tus labios por mi pecho y mordisquea mis bragas que ya me queman el cuerpo por tenerte dentro. ¡Ups! Ahí no, la sorpresa no te va a gustar. Te doy la vuelta lasciva y te enrollo el cuello con mi cinturón quitavidas. Ya está.
Vino Sombra Cristina y le dijo, - Muy bien, a este lo apuntaremos en la sección Benetton.- Y tras varios minutos, Rigoberto pidió ayuda a las sombras para deshacerse del vigesimocuarto cuerpo.
Esta precisa noche las sombras me acompañan en el comedor. Están alborotadas, algo no les acaba de gustar. Puede que fuera el pintalabios que anteanoche le robé a la joven de ojos pardos. Al final me volví un poco loco y pinté en todas las paredes los 50 nombres de las sombras con su carmín rojo. Sombra Kelli se sentó a mi lado en el sofá, callada, y con las manos entrelazadas haciéndose la modosita, como si no quisiera nada.
- ¿Qué te parece ser esta noche yo?
Salió Kelli aquella precisa noche con vestido verde, zapatos negros y un abrigo de piel sintética blanco acorde con su nombre de catálogo. Cogió un taxi y dijo, -Lléveme al “Green Queen House” que esta noche hay clases gratis de baile.- Llegaron al pub. Pagó religiosamente al taxista y se incorporó a la cola para interceptar a un nuevo objetivo. Selló a su cuerpo su abrigo de piel sintética blanco con sus dos manos y, cuando entró otro cliente, avanzó unos cuatro o cinco pasos. De pronto, alguien le tocó el hombro con el dedo como si estuviera llamando a una puerta sobrexcitado.
– ¡Hola Hola! ¿Vas sola? ¿Me puedo poner aquí a tu lado? La verdad es que hay una cola eteeerna y hace un frío que pela ¡Bueno! Y ¿Qué tal, cómo te llamas? Yo soy Clotilda Bowles, ¡Sí, efectivamente, como Sally Bowles de Cabaret! Todo un papelón el de Liza Minnelli (cogiéndole del brazo y mirándole hacia arriba con el globo del ojo y con los párpados en posición normal). Se inspiraron en mí ¿sabes? (ríe) noo en realidad es pura coincidencia, pero me siento muy identificada con ella. Era… era el destíino que hicieran esa película y yo la viera ¿Sabes? ¿Tienes mechero? (se enchufa un cigarrillo) ¡Bueno! Todo el rato hablando yo de mí ¿Cómo te llamas?
-Mi nombre es Kelli.
-Vaaya, ¡Qué nombre tan chulo! El mío es más de la estepa de la España rural (gesticula el letrero de su nombre en el aire) ¡Clotilda! Sí… Un gran nombre, pero chica ¡El tuyo tiene caché! (con distintas voces) Kelli, Kelli… Hola Kelli, muñeca (guiña el ojo). Y dime ¿Cómo una chica como tú está sola en un sitio como este?
- Mira, me gusta venir sola a sitios nuevos. La verdad es que aquí no había venido nunca, unos amigos me dijeron que estaba bien. Hay que probarlo todo en esta vida.
- Sí, yo he venido por un flyer que me dieron en el Congo Poco. [Pausa] Oye, pero qué les pasa a estos porteros, qué están ¿Cacheando hasta las heces de los clientes? (grita a la puerta) ¡Ehh! ¡Que es para hoy, mi amiga y yo tenemos muchas cosas que contarnos, pero necesitamos unos gin tonics delante! Por Dios ¡Qué lentitud! Venía un poco piripi del Congo y de esperar ya se me está pasando. No hay derecho.- Entraron por fin a la discoteca y se sentaron en un extremo de la barra a beber gin tonics y todo a lo que el camarero les invitara.
Salió Kelli aquella precisa noche con vestido verde, zapatos negros y un abrigo de piel sintética blanco acorde con su nombre de catálogo. Cogió un taxi y dijo, -Lléveme al “Green Queen House” que esta noche hay clases gratis de baile.- Llegaron al pub. Pagó religiosamente al taxista y se incorporó a la cola para interceptar a un nuevo objetivo. Selló a su cuerpo su abrigo de piel sintética blanco con sus dos manos y, cuando entró otro cliente, avanzó unos cuatro o cinco pasos. De pronto, alguien le tocó el hombro con el dedo como si estuviera llamando a una puerta sobrexcitado.
– ¡Hola Hola! ¿Vas sola? ¿Me puedo poner aquí a tu lado? La verdad es que hay una cola eteeerna y hace un frío que pela ¡Bueno! Y ¿Qué tal, cómo te llamas? Yo soy Clotilda Bowles, ¡Sí, efectivamente, como Sally Bowles de Cabaret! Todo un papelón el de Liza Minnelli (cogiéndole del brazo y mirándole hacia arriba con el globo del ojo y con los párpados en posición normal). Se inspiraron en mí ¿sabes? (ríe) noo en realidad es pura coincidencia, pero me siento muy identificada con ella. Era… era el destíino que hicieran esa película y yo la viera ¿Sabes? ¿Tienes mechero? (se enchufa un cigarrillo) ¡Bueno! Todo el rato hablando yo de mí ¿Cómo te llamas?
-Mi nombre es Kelli.
-Vaaya, ¡Qué nombre tan chulo! El mío es más de la estepa de la España rural (gesticula el letrero de su nombre en el aire) ¡Clotilda! Sí… Un gran nombre, pero chica ¡El tuyo tiene caché! (con distintas voces) Kelli, Kelli… Hola Kelli, muñeca (guiña el ojo). Y dime ¿Cómo una chica como tú está sola en un sitio como este?
- Mira, me gusta venir sola a sitios nuevos. La verdad es que aquí no había venido nunca, unos amigos me dijeron que estaba bien. Hay que probarlo todo en esta vida.
- Sí, yo he venido por un flyer que me dieron en el Congo Poco. [Pausa] Oye, pero qué les pasa a estos porteros, qué están ¿Cacheando hasta las heces de los clientes? (grita a la puerta) ¡Ehh! ¡Que es para hoy, mi amiga y yo tenemos muchas cosas que contarnos, pero necesitamos unos gin tonics delante! Por Dios ¡Qué lentitud! Venía un poco piripi del Congo y de esperar ya se me está pasando. No hay derecho.- Entraron por fin a la discoteca y se sentaron en un extremo de la barra a beber gin tonics y todo a lo que el camarero les invitara.
-Oyeee Kelli, dime cómo te llamas realmente.
-(se cruza de piernas nerviosa) Ees mi nombre realmente ¿Por qué lo preguntas?
- ¿¡Que por quéee te lo pregunto!?( se echa a reír) ¡Ay cariiño! Pero si lo he sabido desde que te he visto, pero ahora, sentadas y relajadas, he visto un par de veces tus dos piedras filosofales sujetas con cinta aislante a las braguitas. (ríe) Ya sé que eres un hombre, ¡Pero tranquiiilo! Yo te guardo el secreto. Y no te apures que a mí no me importa, de hecho, eres un cielo y me estoy empezando a encariñar ¡Richar! Otros dos chupitos para mi compañero y una servidora y ¡venga! Ponte una tú y apúntala a la maravillosa cuenta del Señor Filgueratrov que tanto me cuida. Bueno, a lo que íbamos, muchacho ¿Te puedo hacer el amor esta noche?
Kelli se quedó bloqueada, empezó a tener taquicardia y le dijo, - Tengo que ir al cuarto de baño, ahora enseguida vuelvo.- Se fue corriendo con el culo prieto de los nervios. Se encerró corriendo en un baño, se quitó la peluca y empezó a hiperventilar.
A ver, tranquilo, te ha dicho que le da igual, tú vas a tener el sexo igual. Pero no la has elegido tú, cateto. Y lo peor es que te está gustando. Uff, bueno, a ver, tranquilízate. Vas, le dices que se venga, folláis y… no, no, no, a ella no la puedo poner en una lista porque no la he elegido yo, no me da igual. Pero las sombras…. No sé si querrán quedarse sin parte de esa alma. Bueno va, sal. Volvió decidida a la barra a dictar su sentencia.
-Mira… Clotilda, me lo he pasado muy bien esta noche, pero tengo que volver a casa pronto que me esperan despiertos.
-Ah ¿Vives con más gente?
- Es complicado, me tengo que ir. Un placer.
Clotilda se quedó en la barra viendo cómo se alejaba. Cuando salió por la puerta, se quitó los tacones y fue corriendo tras él. -¡Espera Kelli! ¡Déjame acompañarte a casa mujer! No seas cabezona.- Kelli paró en seco en la acera y Clotilda fue alternando las piernas a la pata coja hasta su lado, le cogió del brazo y fueron juntos a casa de Kelli.
-Bueeno pues, esto es mi casa. Pequeña, fría y oscura.
- Mujer, no digas eso, que está muy bien. Unas manitas de pintura y un par de boquetes para hacer un par de ventanas más y listo.- Clotilda fue abriendo puertas hasta que llegó a la del salón y Kelli le cogió de la muñeca para pararla. -Uff Kelli, me acabas de excitar y todo ¿Por qué no puedo entrar?- Le miró a los ojos fijamente y consiguió llegar al pomo y empujar la puerta.- ¡Yaaa estamos!- Clotilda quedó en silencio unos instantes al ver las paredes pintadas con montones de nombres escritos con carmín rojo. Lo miró todo con asombro y como si no pasara mucho se giró a Kelli y le dijo, -Oye, oye pero oye, pero qué original esto de las paredes con nombres. Es muy rompedor dentro de la decoración del hogar ¿Sabes? Es… es… sii ¿A ver? Roger, Molly, Cristina, Morgan… sí, oye, muy original.- Se acercó a Kelli con cuidado, le quitó las manos de la cara y le dijo que no le importaba nada, que sólo y un poco más, quería saber cómo se llamaba. –Quítate la peluca, que te queda muy mona, pero esta noche me apetece carne de hombre vacuna.- Accedí.
-(se cruza de piernas nerviosa) Ees mi nombre realmente ¿Por qué lo preguntas?
- ¿¡Que por quéee te lo pregunto!?( se echa a reír) ¡Ay cariiño! Pero si lo he sabido desde que te he visto, pero ahora, sentadas y relajadas, he visto un par de veces tus dos piedras filosofales sujetas con cinta aislante a las braguitas. (ríe) Ya sé que eres un hombre, ¡Pero tranquiiilo! Yo te guardo el secreto. Y no te apures que a mí no me importa, de hecho, eres un cielo y me estoy empezando a encariñar ¡Richar! Otros dos chupitos para mi compañero y una servidora y ¡venga! Ponte una tú y apúntala a la maravillosa cuenta del Señor Filgueratrov que tanto me cuida. Bueno, a lo que íbamos, muchacho ¿Te puedo hacer el amor esta noche?
Kelli se quedó bloqueada, empezó a tener taquicardia y le dijo, - Tengo que ir al cuarto de baño, ahora enseguida vuelvo.- Se fue corriendo con el culo prieto de los nervios. Se encerró corriendo en un baño, se quitó la peluca y empezó a hiperventilar.
A ver, tranquilo, te ha dicho que le da igual, tú vas a tener el sexo igual. Pero no la has elegido tú, cateto. Y lo peor es que te está gustando. Uff, bueno, a ver, tranquilízate. Vas, le dices que se venga, folláis y… no, no, no, a ella no la puedo poner en una lista porque no la he elegido yo, no me da igual. Pero las sombras…. No sé si querrán quedarse sin parte de esa alma. Bueno va, sal. Volvió decidida a la barra a dictar su sentencia.
-Mira… Clotilda, me lo he pasado muy bien esta noche, pero tengo que volver a casa pronto que me esperan despiertos.
-Ah ¿Vives con más gente?
- Es complicado, me tengo que ir. Un placer.
Clotilda se quedó en la barra viendo cómo se alejaba. Cuando salió por la puerta, se quitó los tacones y fue corriendo tras él. -¡Espera Kelli! ¡Déjame acompañarte a casa mujer! No seas cabezona.- Kelli paró en seco en la acera y Clotilda fue alternando las piernas a la pata coja hasta su lado, le cogió del brazo y fueron juntos a casa de Kelli.
-Bueeno pues, esto es mi casa. Pequeña, fría y oscura.
- Mujer, no digas eso, que está muy bien. Unas manitas de pintura y un par de boquetes para hacer un par de ventanas más y listo.- Clotilda fue abriendo puertas hasta que llegó a la del salón y Kelli le cogió de la muñeca para pararla. -Uff Kelli, me acabas de excitar y todo ¿Por qué no puedo entrar?- Le miró a los ojos fijamente y consiguió llegar al pomo y empujar la puerta.- ¡Yaaa estamos!- Clotilda quedó en silencio unos instantes al ver las paredes pintadas con montones de nombres escritos con carmín rojo. Lo miró todo con asombro y como si no pasara mucho se giró a Kelli y le dijo, -Oye, oye pero oye, pero qué original esto de las paredes con nombres. Es muy rompedor dentro de la decoración del hogar ¿Sabes? Es… es… sii ¿A ver? Roger, Molly, Cristina, Morgan… sí, oye, muy original.- Se acercó a Kelli con cuidado, le quitó las manos de la cara y le dijo que no le importaba nada, que sólo y un poco más, quería saber cómo se llamaba. –Quítate la peluca, que te queda muy mona, pero esta noche me apetece carne de hombre vacuna.- Accedí.
– Pero miiira qué chico máaas atractivo ¡Pero cómo me lo querías ocultar toda la noche!
-Me llamo Rigoberto
-¡Hombree! Ya puedes dejar de hacer la voz de falsete, por cierto ¿Sabes? Pues tu nombre no es tan terrible, además pega bastante con el mío, imagínatelo, Rigoberto y Clotilda a tope con la Cope. (Ríe) Qué bueno.
Mientras se ríe se le ha salido un pecho del escote. Y le estoy viendo un pezón, sonrosado y pequeño como una pulga. Quiero mordérselo como un infante hasta que se haga marrón. Estamos muy borrachos, pero juraría que se está acercando a mí entre que se ríe y se reajusta el carmín con los dedos. Voy a besarle. Voy a besarle ya.
Acabamos los dos al unísono, puesto que esto es un relato literario y loco. Cuando quise darme cuenta, estaba expirando la corrida y el humo del tabaco con ella a mi lado todavía viva. La miré a los ojos y me entraron remordimientos de las otras 24 víctimas que no acabaron a mi lado escuchando el viento como nosotros.
-¿Ves como ha sido divertido, tonto? (tira el humo del pitillo)
- Ya pero tú no sabes quién soy en realidad…
-Pues claro que lo sé tontito, una tiene sus contactos ¿Sabes? No, qué va, antes, cuando te has ido al baño, el camarero me ha dicho que te llaman El Guey, pero por lo que he estado viendo ¡De gay no tienes un pelo, chato! ¿Pero por qué te pusieron ese mote?
- Oh(medio sonríe) en realidad el mote es el Rey, pero me lo puso un compañero de disfraces que tiene un Trastorno Fonológico y pronuncia la G por la R.
-Vaya, qué curioso. Pues sí, el camarero me ha estado diciendo que cada día vienes con un atuendo y un perfil nuevo, tomas cubatas en la barra y que siempre acabas marchándote con alguien. Pero a mí no me importa, tranquilo, yo soy liberal como la vida misma.
-Ya… me voy acompañado pero… pero siempre duermo solo.
-(tierna)¡Oii, pobre mío!- Le paré en seco y le dije, –Los mato.- Clotilda quedó boquiabierta unos segundos. Dios mío ¿Qué has hecho? ¿Para qué le dices nada?
-¿Ah sí? ¿Y por qué lo haces? No te ofendas si te pregunto.
-No, tranquila, si después de habértelo soltado tan tajantemente, lo raro es que no hayas escapado por el balcón. Pero tranquila, si lo haces ni me moveré de esta posición. (fuma unas caladas) A ver, cómo empiezo, no te voy a decir nada de mi vida pasada, pero desde hace unos 30 años, que son los que tengo, conviven conmigo unas sombras que me prestan su personalidad cada noche. Al principio digamos que me daban igual, pero luego descubrí su poder para tirarme todo lo que se me antojara sin ser el hombre triste que en realidad habito y, la verdad, así es todo mucho más mágico. Pero desde hace unos años, las sombras me hablaron de unas listas y de que podía saciar mi obsesión sexual y encima mejorar estirando del cinturón en el cuello de mis amantes y ordenarlos por listas. La verdad es que cuando empecé no pude parar. Elijo un objetivo que no me vaya a importar y después de correrme, aprieto el cinturón a su cuello sin ningún tipo de remordimientos (rompe a llorar) Pero desde que tú me has convertido en tu objetivo no paro de arrepentirme de todo lo que he hecho.- Clotilda me abrazó en posición fetal.- Estoy enfermo, lo siento.- Clotilda se incorporó a mi oído y me dijo,-¿Sabes, Rigor? Lo de las sombras me parece bien, hasta pueden ser majas y como poco curiosas, pero lo de matar gente no me acaba de convencer, así que, si tú sientes la misma revolución comunista en el estómago que yo por no parar de verte tendrás que dejar eso de las muertes, especialmente conmigo, me he encariñado contigo. Me gustaría seguir viéndote y no acabar en una bolsa sucia y en el fondo del río.
-(sonríe) Claro que no. Yo no te he escogido ¿Alguna vez habías estado con hombres con este tipo de locura psico-killer-trans o como quieras llamarlo?
-Pues la verdad es que no, pero ¿Sabes? Hay que probarlo todo en esta vida.
-Me llamo Rigoberto
-¡Hombree! Ya puedes dejar de hacer la voz de falsete, por cierto ¿Sabes? Pues tu nombre no es tan terrible, además pega bastante con el mío, imagínatelo, Rigoberto y Clotilda a tope con la Cope. (Ríe) Qué bueno.
Mientras se ríe se le ha salido un pecho del escote. Y le estoy viendo un pezón, sonrosado y pequeño como una pulga. Quiero mordérselo como un infante hasta que se haga marrón. Estamos muy borrachos, pero juraría que se está acercando a mí entre que se ríe y se reajusta el carmín con los dedos. Voy a besarle. Voy a besarle ya.
Hacerte en tus pechos prietos,
entre tus manos reviéntalos y ven,
voy a violar tus rezos entre tu pelo,
mientras yo castigo a tu piel,
a aspavientos en tu puerta abierta,
entra, entra violenta y deja que muerda,
tus pezones color rosa tostado,
tu escroto entre mis dientes osados.
Ya estoy listo para saquear tu boca,
lista para arrancarte el labio inferior,
contra esta mesilla rómpete ya
ya veo el fulgor.
Asciendo a desollarte de arriba abajo,
para amoratarte las nalgas
a mano excitada.
aspaviento
espanto
admiración
o
sentimiento.
entre tus manos reviéntalos y ven,
voy a violar tus rezos entre tu pelo,
mientras yo castigo a tu piel,
a aspavientos en tu puerta abierta,
entra, entra violenta y deja que muerda,
tus pezones color rosa tostado,
tu escroto entre mis dientes osados.
Ya estoy listo para saquear tu boca,
lista para arrancarte el labio inferior,
contra esta mesilla rómpete ya
ya veo el fulgor.
Asciendo a desollarte de arriba abajo,
para amoratarte las nalgas
a mano excitada.
aspaviento
espanto
admiración
o
sentimiento.
Acabamos los dos al unísono, puesto que esto es un relato literario y loco. Cuando quise darme cuenta, estaba expirando la corrida y el humo del tabaco con ella a mi lado todavía viva. La miré a los ojos y me entraron remordimientos de las otras 24 víctimas que no acabaron a mi lado escuchando el viento como nosotros.
-¿Ves como ha sido divertido, tonto? (tira el humo del pitillo)
- Ya pero tú no sabes quién soy en realidad…
-Pues claro que lo sé tontito, una tiene sus contactos ¿Sabes? No, qué va, antes, cuando te has ido al baño, el camarero me ha dicho que te llaman El Guey, pero por lo que he estado viendo ¡De gay no tienes un pelo, chato! ¿Pero por qué te pusieron ese mote?
- Oh(medio sonríe) en realidad el mote es el Rey, pero me lo puso un compañero de disfraces que tiene un Trastorno Fonológico y pronuncia la G por la R.
-Vaya, qué curioso. Pues sí, el camarero me ha estado diciendo que cada día vienes con un atuendo y un perfil nuevo, tomas cubatas en la barra y que siempre acabas marchándote con alguien. Pero a mí no me importa, tranquilo, yo soy liberal como la vida misma.
-Ya… me voy acompañado pero… pero siempre duermo solo.
-(tierna)¡Oii, pobre mío!- Le paré en seco y le dije, –Los mato.- Clotilda quedó boquiabierta unos segundos. Dios mío ¿Qué has hecho? ¿Para qué le dices nada?
-¿Ah sí? ¿Y por qué lo haces? No te ofendas si te pregunto.
-No, tranquila, si después de habértelo soltado tan tajantemente, lo raro es que no hayas escapado por el balcón. Pero tranquila, si lo haces ni me moveré de esta posición. (fuma unas caladas) A ver, cómo empiezo, no te voy a decir nada de mi vida pasada, pero desde hace unos 30 años, que son los que tengo, conviven conmigo unas sombras que me prestan su personalidad cada noche. Al principio digamos que me daban igual, pero luego descubrí su poder para tirarme todo lo que se me antojara sin ser el hombre triste que en realidad habito y, la verdad, así es todo mucho más mágico. Pero desde hace unos años, las sombras me hablaron de unas listas y de que podía saciar mi obsesión sexual y encima mejorar estirando del cinturón en el cuello de mis amantes y ordenarlos por listas. La verdad es que cuando empecé no pude parar. Elijo un objetivo que no me vaya a importar y después de correrme, aprieto el cinturón a su cuello sin ningún tipo de remordimientos (rompe a llorar) Pero desde que tú me has convertido en tu objetivo no paro de arrepentirme de todo lo que he hecho.- Clotilda me abrazó en posición fetal.- Estoy enfermo, lo siento.- Clotilda se incorporó a mi oído y me dijo,-¿Sabes, Rigor? Lo de las sombras me parece bien, hasta pueden ser majas y como poco curiosas, pero lo de matar gente no me acaba de convencer, así que, si tú sientes la misma revolución comunista en el estómago que yo por no parar de verte tendrás que dejar eso de las muertes, especialmente conmigo, me he encariñado contigo. Me gustaría seguir viéndote y no acabar en una bolsa sucia y en el fondo del río.
-(sonríe) Claro que no. Yo no te he escogido ¿Alguna vez habías estado con hombres con este tipo de locura psico-killer-trans o como quieras llamarlo?
-Pues la verdad es que no, pero ¿Sabes? Hay que probarlo todo en esta vida.
viernes, 7 de octubre de 2016
LA FÁBULA DEL FARERO
En lo alto de aquel pedrusco se
encontraba el faro recién huérfano de su dueño, Espléndido Caffó. Se veía
triste, se veía apagado. Hacía años que no funcionaba, pero Espléndido, que
dedicó su vida entera a ese faro, decidió dejarlo todo atrás y vivir en aquella
torre que ya no guiaba ningún barco. Vivió allí sus años más álgidos, más
claros. Aquella luz le daba las coordenadas para no volverse loco y seguir adelante
en cada obstáculo de la vida. Hasta que Espléndido, desencantado con lo que
realmente eran las cosas, decidió apagarlo. Prefería estar loco, pero por lo
menos tenerlo claro.
Después de
publicar la noticia, velarlo, santificarlo y enterrarlo, los hijos legítimos
fueron corriendo al notario para ver qué les había dejado. Al hermano mayor le
dejó su colección de libros usados junto con la cubertería de plata de su boda.
Al mediano le dejó una carta sentimental y varias monedas antiguas de un valor
desorbitado. Por último, al pequeño, le dejó su coche y, aunque el pequeño
todavía no lo supiera, el faro. Se fueron de la notaría los dos primeros
hermanos llenos de alegría. Iban a ser ricos vendiendo la plata y las monedas.
Vivirían en algo un pelín más grande que un piso, que para ellos suponía un
palacio. El menor de los hermanos, un poco despagado con la parte que le había
tocado, fue a recoger del garaje la chatarra sobre ruedas que le había dejado.
Miró el coche y se puso a llorar. Su padre desapareció tan pronto de su vida
que no sabía nada de él. Quiso preguntar en varias ocasiones a su madre y a sus
hermanos, pero era un tema tan sumamente tabú, que obtener una puntita de
información era casi un milagro.
Condujo la
cafetera hasta su casa y la dejó aparcada en la puerta. Era una tartana de
color negro con manchas de óxido por todas partes. Se detuvo unos minutos, con
las llaves en la mano, a observarlo de arriba abajo.
Abrió la
puerta de su casa, dejó los trastos y resopló cansado –Hoy ha sido un día
raro.- Pasó una hora y todavía no se había sentado, así que salió al balcón a
fumarse cuatro cigarros. La calle estaba en completo silencio. Al segundo
pitillo, bajó la cabeza y miró el coche. Enchufó el tercer cigarrillo y a lo
tonto a lo tonto, seguía mirando ese coche negro oxidado. Casi sin terminar el
tercero, se enchufó el cuarto pitillo. Él no se dio cuenta, pero desde que le
atrapó el automóvil, no había parpadeado. Cogió las llaves y bajó para
conducirlo. Giró la llave para arrancarlo y haciendo un par de juegos con los
pedales por inercia, lo puso en marcha y salió de la calle seguro y como
hipnotizado.
A mitad de
camino, se despertó y fue consciente de que llevaba el volante en sus manos. Se
asustó y quiso dar la vuelta para volver a casa, pero cuando quiso girar a la
derecha para el cambio de sentido, su cuerpo y el coche pasaron de largo.
Siguieron por una carretera oscura. Llegó a una explanada con una torre inmensa
en medio que todavía no identificaba. –Parece un faro abandonado.- Escuchó un
par de ruidos y como si fuera el protagonista de La piel fría en sus primeras noches en la isla con aquellos seres
extraños, le recorrió por el cuerpo un latigazo eléctrico. Apretó las nalgas y
salió corriendo hacia el coche para volver a casa.
Las consecutivas
noches se siguió sucediendo el mismo ritual con el ataque de pánico justo al
final y una retirada prudencial debajo del nórdico de su cama. Hasta que un
día, a eso de las cinco de la tarde, el coche le llamó y lo llevó de nuevo al
faro. Ésta vez, como el sol lo dejaba ver todo, no le dio ese apretón de miedo
y se atrevió a entrar. Las escaleras estaban medio en ruinas, salía vegetación
de cualquier lado. Subió y subió cada cinco peldaños más rápido. Cuando ya le
caían las gotas de sudor hasta por los labios, llegó a la cima del faro. Vio el
foco, las cristaleras llenas de mugre, moho y polvo. Vio un colchón sucio a la
izquierda del todo. Alrededor, un montón de libros y cuadernos garabateados y
al lado de la almohada, una foto. La cogió con cuidado, le dio la vuelta y dijo
–Somos nosotros.- Eran su madre, sus hermanos, él y justo en medio, un hombre
con la barba frondosa y hasta más debajo de los hombros que fumaba en una pipa
muy alargada.
Se sentó en
aquel colchón y se entretuvo mirando la foto y leyendo los apuntes y libros.
Sin darse cuenta se hizo de noche. Todo se quedó completamente oscuro. Fue de
repente consciente y se volvió a quedar paralizado. Se empezó a imaginar de
nuevo a aquellos seres anfibio-humanoides saliendo del agua y reptando para
matarlo. Su instinto de supervivencia le levantó rápido del suelo y como si
encendiera faros de toda la vida, encendió el gran foco. Esa luz unidireccional
le calmó del todo. Sentía una paz extraña que no le hacía pensar en sus miedos
más preciados.
Se enchufó
el primer cigarro, se apoyó en el hueco del ventanal que estaba roto y así, en
esa posición y con el foco encendido, pasaron veinte años. Cuentan los del
pueblo de bajo, que de repente un día, guardó sus cigarros, apagó la luz, se
acostó en el colchón a mirar el techo y murió de pena con los años.
viernes, 23 de septiembre de 2016
LA HISTORIA DE AMOR DE ADOLF
No sé si será Octubre o todo lo que le
rodea, o sea el cinco. Como siempre no sé, no sé, no sé qué más puedo pervertir
con los pensamientos enfermos, que creo enfermizos para mi otra mitad. Para
volver a empezar, hoy me pegaría con alguien tan fuerte que no le dejaría
respirar. Sólo por mí, sólo por pegar. Gratis, sin ningún motivo más que querer
destrozar algo que respire y piense dentro del antropo centro del uni verso de
la mitad más codiciosa de mi propio pensar miento. Antes era miedo, luego me
empecé a asustar. Ahora soy miedo a medio camino que queda por escalar.
De pronto, un ruido extraño acechaba mi
ventana y me abstraía de mis pensamientos conmigo mismo. << ¿Qué será?>> me pregunté con la
manta envuelta en mi cuerpo y sujeta en el pecho. Calcé mis zapatillas de estar
por casa de conejito y anduve cauteloso hasta la ventana. Dios mío, eran una
capa roja y unas mallas azules que envolvían unas piernas preciosas. Me acerqué
más decidido, me quité la manta, me peiné el bigote, destartalé un poco mi pelo
y abrí la ventana. << ¡Ay mi madre, si es Superman!>> pensé con los ojos desorbitados. —Pe... Pero oiga
¿Es usted Superman?— <<Ay madre
que está llorando, pobrecito mío. >> pensé compasivo —¿Qué te pasa?— me miró
con los ojos ensartados, apretó los labios y me dijo, —No me pasa nada—
obviamente, no le creí — Ah… De acuerdo. Pues ¿Qué haces aquí tan triste en mi
ventana?— — Nada— acabó ese nada tan rápido como le obligó el nudo que retenía
con fuerza en la garganta. —Entiendo— le dije. Se hizo un silencio mientras
mirábamos al frente —Oye… hace un poco de frío aquí fuera ¿Quieres pasar? Tengo
té rojo recién hecho— mentiiira, pero quería que esos músculos y ojos caídos quisieran
entrar. — De acuerdo. — Y entró volando por la ventana.
Mantuvimos una conversación de
horas. El pobre al principio estaba más callado, así que no paré de hablar y
hablar contándole mis penurias y pecados. En algún momento de mi discurso sobre
mi monotonía letal, me cortó en seco y dijo, — Es que ese es el centro de todo.
Te levantas por la mañana, te vistes, te pones el traje de malla, los
calzones y la capa y encima el traje normal, vas al trabajo con tu pinta de
pardillo y luego sales a salvar vidas a pecho descubierto. Pero cada vez que
vuelvo a trabajar, vuelvo a ver que la gente está amargada igual. Que da igual
lo que haga, que mate villanos o trillanos, da igual. Todos seguirán sin
conformarse y sufrirán igual. Da igual el villano que aniquile o el ladrón que
atrape. La gente sufrirá igual. Y me da rabia e impotencia ¿Sabes? Joder… mucho
mejor, la verdad.— Algo me impulsó a acercarme a él en el sofá y coger su mano.
Me miró fijamente y nos besamos con pasión. De pronto paró en seco, me apartó,
me miró a los ojos y se fue a su súper velocidad.
Pasaron los días y seguía sin
noticias de Superman. Volví a
recorrer todas las avenidas que me oprimían para matar el tiempo, pero ninguna
noche aparecía. Decidí escribirle una carta y dejarla en la ventana por si
algún día que pasara la viera y se la quisiera llevar.
Sí, ya sé, ya sé muchas cosas que no
querría saber. Pero es ese remolino aislado de tu pelo engominado, el que no me
deja dormir. Tú me has despertado de este insomnio que ya es parte de mí.
Cansado de las mismas avenidas, cansado de mí. Ojalá pudiera también sobrevolar
la ciudad, ojalá pudiera morir sólo con la kriptonita.
Comprendo tu oficio. Comprendo el
suplicio que debe ocasionar deber de ser perfecto, justo y modesto. Hay mucho
mal que combatir, pero ¿Tú qué? ¿Qué hay de ti? Sé y comprendo que soy mortal,
vulnerable, comprendo que no me quieras escuchar. Sé que no puedo volar, pero
vuelve a mi ventana, vuelve a ser normal entre mis trazos de corazón sin
solución y déjame escucharte.
Sé que eliminas el mal, superhombre
altruista por poder volar. Pero sabes que la gente sufre igual. Dentro, en sus
corazones, que no sólo son malos y villanos. Sufren y tú no puedes hacer más.
Si entre tanta lucha contra el delito
quisieras verme otra vez, aquí pongo mi ventana a ciegas.
No te martirices, ¡puedes volar! No te
apagues, eres Superman.
Con cariño,
Adolf.
Até la carta a un cordelito y el
cordelito lo até a la ventana. La plastifiqué y la metí en otra bolsa
plastificada para defenderla de la nieve y la lluvia. Miré la carta a través de
la ventana durante varios minutos mientras me mordía la uña del dedo anular.
De los días pasamos a los meses y la
carta y el cordelito no dejaban de ondear así como mis pensamientos
destructivos no paraban de aflorar. Y la pena se comió mi apetito. Fue la
pena y es la pena que me amarra a este punto concreto de no retorno ni entorno.
No me deja en paz. He escuchado mil doscientas veces la
misma canción entre hoy y ayer. Y me da igual. Y me da igual vivir y hoy me da
igual morir. Hasta que llegue mañana, y mañana, ya no tendré nada que hacer.
Pero, ahora que sí que existe la voz diestra encarnada en tus labios cereza,
ahora sí que me voy a levantar de este sofá. Voy a coger pintalabios de mujer y
voy a masajear mis labios tersos en posición de felación. Peinaré mi bigote
vellido, recto negro y definido para mi gran noche. Me alargaré las pestañas
dejando un par o tres de grumitos. Hoy voy a ser la más bella e invisible de
toda la fiesta. Esta noche se me olvidará el paquete en casa para dejarme
acariciar. Sólo quiero beber licor en copa de Martini tan ancha que casi sea un
plato llano y mirar de piernas cruzadas a todos los sujetos de los que me creo
que me tengo que alejar, por su seguridad. Únicamente quiero observarlos y
beber hasta vomitar.
Más tarde, volveré a casa y borraré mi
fémina en la almohada. Algo más tarde, ya estaré dormido y me comerá la pena
otra vez, esperando todavía a Superman,
esperando ver todavía las avenidas arder, esperando tu voz diestra que me grite
sin contemplaciones que Adolf, es quién merece ser.
Llegué a casa cansado. Me bajé de los
zapatos, lancé el bolso en el sofá, masajeé mis cervicales y por inercia miré
la ventana << No está>>.
Fui corriendo a abrir la ventana y bajo un trozo de kriptonita, había una carta
de Superman.
Ya sé que sabes muchas cosas que no
deberías saber. Me tengo que alejar de ti. La otra noche expulsé en voz alta un
porcentaje muy bajo de lo que se me pasa por la cabeza y me sentí extraño. Me
sentí aliviado, pero me dio más en lo que pensar. Te escribo para explicarte
que aquél beso me hizo vibrar, pero sé que contigo todo lo voy a verbalizar.
Pero es que no puedo, soy un superhéroe y tengo muchas vidas que salvar y si
caigo en tus brazos… sé que no voy a parar de sacarme de dentro y me volveré
vulnerable cada vez más rápido y sin parar. Y me duele, me duele tanto que he
sido capaz de traerte de pisapapeles un trozo de kriptonita sin si quiera
agonizar. No puedo permitírmelo, no puedo desgajarme y plantearme si los malos
son del todo malos y si realmente es a los buenos a los que hay que salvar. No
puedo. Lo siento. Tengo que conservar esta fachada dura para delimitar el bien
del mal.
Siempre tuyo,
Superman.
Abracé la carta con los ojos
empañados y la guardé con cuidado en la mesita de noche. Me tumbé en el
sofá donde estuvimos hablando y pensando en todos mis males, pensé, <<deja
de auto fustigarte tanto, has besado a Superman>.
Y se me acabó dibujando una sonrisilla de medio lado.
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